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La espera es amarga pero su fruto es dulce



Vivo mi problema aún con la suavidad del paisaje, con la armonía de los cielos y el refugio de mi humilde hogar que es tono singular de una raza que se desenvuelve unida en la polaridad de un sarape multicolor y acogedor. Mi temperamento emocional se vuelve un hornito tibio lleno de poesía, aunque sin el dialogar de las estrellas, flores y campiñas, me limito a lo mío, porque abuelito me ha dicho en forma franca: "Ya no irás a la escuela":


Esto me entristece un poco y hay momentos críticos pero pasajeros, porque me ubico en la realidad, y acostumbrado a no replicar, recibí la orden en toda u desnudez y callé; de algo estaba seguro, que mi abuelito no me abandonaría porque me quiere demasiado y porque lo leí en sus ojos. Mi turno era esperar, como una provechosa curiosidad que despierta alegre, activa y floreciente, en busca de la corteza para entrar en ebullición y surgir a la vida.


Libro: La Escuela en Espíritu

Autor: Epifanio Estrada Cruz


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